
Despues de un largo y pesado viaje de diez horas por las tortuosas carreteras de Camboya, nos cruzamos el pais y llegamos a Siem Reap. Desde alli nos esperaban tres dias en donde nuestras fantasias infantiles de arqueologia darian rienda suelta.
No era dificil ponerse en la piel del propio Indiana Jones, c

uando lo que nos rodeaba era la mismisima selva en donde se encuentra uno de los mayores restos arqueologicos de la antigua civilizacion
Khemer, Angkor. Y aunque sabiamos que no lo podiamos ver todo por la cantidad de templos que habia, estabamos dispuestos a disfrutar del entorno y a descubrir que se escondia entre los gigantescos arboles milenarios.
Botellas de agua en mano y un par de viejas bicicletas era todo lo necesario para llegar hasta Angkor.
Seis kilometros separan Siem Reap de las ruinas. Poco a poco, tras cada pedaleada, ibamos dejando atras los edificios de la ciudad, las calles asfaltadas, los claxones de las motos...y dieron paso a extranos pero excitantes ruidos provinientes de la
s copas de los arboles, mariposas gigantes que se cruzaban con nuestras ruedas y monos despreocupados que iban y venian.
Estabamos en Angkor, donde la selva parece
conocer el gran valor de estos antiguos templos de una
de las mayores civilizaciones asiaticas, y los protege ante cualquier amenaza.
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